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Las Cabras

Las cabras en el Campichuelo son un elemento fundamental. Poco a poco hemos ido conociendo estos animales, mucho más comunicativos de lo que habíamos imaginado en un primer momento. 

El primer contacto:

Primero llegó Pintas, una cabra fina y esbelta, con cuello de girafa y blanca con manchas marrón claro. La compramos embarazada y la verdad es que sufrimos un poquito ya que casi no se le notaba el embarazo. Era la primera cabra de nuestra vida y no conocíamos su comportamiento natural. Luego nos dimos cuenta de que una cabra embarazada se echa a descansar más a menudo, hace muchas veces pipí y los últimos días lleva la cola baja.

Primer parto:

El 4 de febrero nos despertaron unos balidos rápidos, cortos y agudos. Pintas había parido la primera mañana de buen tiempo después de cinco días de ciclogénesis explosiva (borrasca). Los cabritillos salieron los dos machos y fueron creciendo muy bien hasta que los sacamos para poder obtener la leche que necesitamos para hacer el queso

Poco después ese tiempo queríamos empezar con el huerto, así que debimos tirar 100 metros de valla para preservarlo de esta segadora natural. La valla la subimos entre metro-veinte y metro y medio y de momento, salvo en algunos puntos, fue suficiente para que Pintas no saltara. 

La segunda cabra:

Pintas se quedo muy muy sola cuando le sacamos los cabritos. Ahora sabemos que no se puede tener una cabra sola… no está a gusto ¡y siempre busca que la acompañes! Así que, muy a pesar de su anterior perro pastor (eso es otra historia), trajimos al Campichuelo a Lucy Brown, una cabra marrón oscuro con cuernos, más achaparrada y robusta y con una fuerza de toro.

Con Lucy Brown, o Browni para los amigos, tuvimos que subir la valla a más de metro y medio. Se colaba cuando le apetecía sin ningún esfuerzo. Por suerte divina, todas las veces la vimos a tiempo y solo se llevó por delante una rama de un peral y una poda de guisantes y bisaltos. Desde que Browni ha llegado, entre las dos se comen la corteza de los árboles jóvenes… 

La convivencia:

Las cabras son animales muy curiosos y amigables, pero a la vez temerosos. Fue cuando pasó un perrete (con pinta de perro pastor) que se asustaron tanto que se colaron tres veces seguidas y rompieron un trozo de vallado. ¡Y el perro estaba fuera de nuestro recinto!

Saltan un montón y les encanta hacerlo. Los cabritillos no pierden la oportunidad de subirse en cualquier sitio para luego tirarse al suelo a modo supermán, como si intentaran ponerse a volar. Las cabras adultas no siempre tienen ese nervio, pero si se ponen nerviosas o tienen miedo pueden llegar a subirse al tejado (al menos en nuestro caso) y al refrescar el día se ponen a darse cabezazos a modo de juego. 

Cuando están a gusto son muy tranquilas, pasan el día pastando, comiendo diferentes hierbas a su antojo. Les gusta descansar sobre la ceniza de la hoguera y revolcarse por la arena. También se rascan en todo lo que sea rascable y la valla sufre un poco por ello. Pero lo mejor es que si se acostumbran a tu presencia son un poco como un perro de compañía: te siguen allí dónde vayas, te piden comida y te tratan como líder del lugar. Aunque no nos vamos a poner a ello, parece que puedas enseñarles trucos de perrete de escuela. 

Otros animales del Campichuelo: